Pro Francisco

El Papa en la sede del PAM:

El Papa en la sede del PAM:


(José M. Vidal).- El Papa visita la sede del Programa mundial de Alimentos (PAM),
organismo de la ONU con sede en Roma. Y, ante los delegados de la
organización, pronuncia un vibrante discurso, en el que pide que la
vountad política haga real el objetivo del 'hambre cero'. Y para eso,
solicita dos cosas: que se deje de "desnaturalizar el hambre" y que se
"desburocratice" la lucha contra ella.


En la sede del PAM le recibe su presidente Ertharin Cousin, la
presidenta del Consejo de Administración, Stephanie Hochstetter y, el
observador vaticano permanente de la Santa Sede, el prelado español
Fernando Chica.


Francisco saluda al staff de la organización y se detiene unos
instantes ante el mural de la Memoria, que recuerda a los miembros de la
organización muertos. Después, el Papa se reúne a solas con la cúpula
de la organización. A continuación firma en el Libro de honor, se
sienta, se pone las gafas y escribe, con su letra pequeña y menuda. Una
dedicatoria desde el corazón. Larga. Contra el escándalo del hambre en
el mundo.


Después, saluda a la gente por el pasillo. Una sacerdotisa luterana y un japonés que toca la flauta para él. Y pasa al auditorio, para un encuentro con la Asamblea del PAM.


Saludos de bienvenida: "Es un honor darle la bienvenida a nuestra
Asamblea. Papa Francisco usted lleva en elcorazón el sufrimiento de las
personas que pasan hambre en el mundo".


Algunas frases del discurso del Papa


"Agradezco la invitación y sus palabras de bienvenida"



"Agradezco tantos esfuerzos y compromisos con una causa que no
puede no interpelarnos: la lucha contra el hambre que padecen muchos de
nuestros hermanos"



"He rezado ante el Muro de la memoria, testigo del sacrificio de los miembros de este organismo"



"Seguir luchando con el mimso ardor y por el tan ansiado objetivo dfe 'hambre cero'"



"Eso snombres son un signo elocuente de que el PAM consitutye un valioso instrumento de la comunidad internacional"



"La credibilidad d uen ainstitución n se basa en sus
declaraciones, sino en las acciones realizadas por sus miembros. Se
fundamente en sus testigos"



"La excesiva información va generando paulatinamente la naturalización de la miseria".



"Poco a poco nos volvemos inmunes a las tragedias ajenas y las consideramos algo natural"



"Vemos el dolor, pero no lo tocamos. Sentimos el llanto, pero no lo consolamos, vemos la sed, pero no la saciamos"



"Muchas vidas se vuelven parte de una noticia que, en poco tiempo, será cambiada por otra"



"Y, mientars cambian las noticias, el hambre y la sed no cambian"



"No podemos darnos por satisfechos con sólo conocer la situación de nuestors hermanos. Las estadísticas no sacian"



"Es necesario desnaturalizar la miseria y dejar de asumirla como un dato más de la realidad"



"Porque la miseria tiene rostro de niño, de familia, de jóvenes y ancianos"



"Tiene rostro de emigraciones forzadas y casas vacías o destruidas"



"No podemos naturalizar el hambre de tantos"



"Si situación no es fruto de un destino ciego frente al que nada podemos hacer"



"Cuando faltan los rostros y las historias, las vidas comienzan a
convertirse en cifras y, así, paulatinamente, corremos el riesgo de
burocratizar el dolor ajeno"



"Las burocracias mueven expedientes, la compasión se la juega por las personas"



"Trabajar para desnaturalizar y desburocratizar la miseria y el hambre de nuestros hermanos"



"Existiendo comida para todos, no todos pueden comer"



"El derroche está ante nuestros ojos"



"La falta de alimentos no es algo natural, no es un dato obvio ni evidente"



"Que hoy se sufra este flajelo se debe a una mercantilización de los alimentos"



"La tierra, maltratada y explotada no ssigue dando sustento"



"Un don con finalidad universal lo hemos convertido en privilegio de unos pocos"



"Hemos hecho los frutos de la tierra, 'comodities' para algunos"



"Desperdicio cotidinao de alimentos"



"El alimento que se desecha es como si se robara de la mesa dle pobre y del hambriento"



"Desburocratizar el hambre"



"Hay temas que están burocratizadas y acciones, encajonadas"



"Inestabilidad mundial que vivimos. Las guerra sy am,enazas de conflictos es lo que predomina en nuestros debates"



"Las armas han alcanzado una preponderancia inusitada"



"Impide la distribución de alimentos en zonas de guerra"



"Mientras las ayudas y los planes de desarrollo se ven obstaculizados por decisiones políticas, las armas, no"



"No importa la procedencia. Circulan con una libertad jactanciosa y casi absoluta en tantas partes del mundo"



"Son las guerras las que se nutren y no las personas"



"En algunos casos, la misma hambre se utiliza como arma de guerra"



"Dejamos que nuestra conciencia se anestesie y así la volvemos insensible, con palabras que la justifican..."



"La fuerza se convierte en nuestor único modo de actuar"



"Urgen desburocratizar todo aquello que impide que los planes de ayuda humanitaria cumplan sus objetivos"



"Necesitamos verdaderos héroes capaces de abrir caminos y tender puentes"



"Se trata de que los Estado smiembros incrementen decisivamente su real voluntad de cooperar en la lucha contra el hambre"



"Crean en lo que hacen. No se dejen vencer por el cansancio"



"Dénse el lujo de soñar. Necesitamos soñadores que impulsen estos proyectos"



"La Iglesia quiere trabajar con todas las iniciativas que luchen para salvaguardar la dingidad de las personas"



"Todo nuestro apoyo para conseguir el objetivo de hambre cero"



"Regla de oro para nuestros pueblos. UN pueblo se juega su futuro en la capicidad de asumir el hambre y la sed de sus hermanos"



"Y la humanidad, lo mismo"



"Que no nos deje dormir y nos haga soñar la lucha contra el hambre"



"Que Dios omnipotente sostenga el trabajo de vuestras manos"


Tras las palabras del Papa, intercambio de regalos. Y el Papa, acompañado de lso delegados, salen al Jardín de la Paz.



Texto completo del discurso del Papa


Señoras y Señores:


Agradezco a la Directora Ejecutiva, Señora Ertharin Cousin, la
invitación que me cursó para que inaugurara la Sesión Anual 2016 de la
Junta Ejecutiva del Programa Mundial de Alimentos, así como las palabras
de bienvenida que me ha dirigido. Asimismo mi saludo para la Embajadora
Stephanie Hochstetter Skinner-Klée, Presidenta de esta importante
asamblea, que congrega a los Representantes de diversos gobiernos
llamados a emprender iniciativas concretas para la lucha contra el
hambre. Y al saludar a todos ustedes aquí reunidos, agradezco tantos
esfuerzos y compromisos con una causa que no puede no interpelarnos: la
lucha contra el hambre que padecen muchos de nuestros hermanos.


Hace unos momentos he rezado ante el "Muro de la memoria", testigo
del sacrificio que realizaron los miembros de este Organismo,
entregando su vida para que, incluso en medio de complejas vicisitudes,
los hambrientos no carecieran de pan. Memoria que hemos de conservar
para seguir luchando, con el mismo vigor, por el tan ansiado objetivo de
"hambre cero". Esos nombres grabados a la entrada de esta Casa son un
signo elocuente de que el PAM, lejos de ser una estructura anónima y
formal, constituye un valioso instrumento de la comunidad internacional
para emprender actividades cada vez más vigorosas y eficaces.


La credibilidad de una Institución no se fundamenta en sus declaraciones, sino en las acciones realizadas por sus miembros.


Por vivir en un mundo interconectado e hípercomunicado, las
distancias geográficas parecen achicarse. Tenemos la posibilidad de
tomar contacto casi en simultáneo con lo que está aconteciendo en la
otra parte del planeta. Por medio de las tecnologías de la comunicación,
nos acercamos a tantas situaciones dolorosas que pueden ayudar (y han
ayudado) a movilizar gestos de compasión y solidaridad. Aunque,
paradójicamente hablando, esta aparente cercanía creada por la
información, cada día parece agrietarse más. La excesiva información con
la que contamos va generando paulatinamente la "naturalización" de la
miseria. Es decir, poco a poco, nos volvemos inmunes a las tragedias
ajenas y las evaluamos como algo "natural".


Son tantas las imágenes que nos invaden que vemos el dolor, pero
no lo tocamos; sentimos el llanto, pero no lo consolamos; vemos la sed
pero no la saciamos. De esta manera, muchas vidas se vuelven parte de
una noticia que en poco tiempo será cambiada por otra. Y mientras
cambian las noticias, el dolor, el hambre y la sed no cambian,
permanecen. Tal tendencia - o tentación - nos exige un paso más y, a su
vez, revela el papel fundamental que Instituciones como la vuestra tiene
para el escenario global. Hoy no podemos darnos por satisfechos con
sólo conocer la situación de muchos hermanos nuestros. No basta elaborar
largas reflexiones o sumergirnos en interminables discusiones sobre las
mismas, repitiendo incesantemente tópicos ya por todos conocidos.


Es necesario "desnaturalizar" la miseria y dejar de asumirla como
un dato más de la realidad. ¿Por qué? Porque la miseria tiene rostro.
Tiene rostro de niño, tiene rostro de familia, tiene rostro de jóvenes y
ancianos. Tiene rostro en la falta de posibilidades y de trabajo de
muchas personas, tiene rostro de migraciones forzadas, casas vacías o
destruidas. No podemos "naturalizar" el hambre de tantos; no nos está
permitido decir que su situación es fruto de un destino ciego frente al
que nada podemos hacer. Cuando la miseria deja de tener rostro, podemos
caer en la tentación de empezar a hablar y discutir sobre "el hambre",
"la alimentación", "la violencia" dejando de lado al sujeto concreto,
real, que hoy sigue golpeando a nuestras puertas.


Cuando faltan los rostros y las historias, las vidas comienzan a
convertirse en cifras, y así paulatinamente corremos el riesgo de
burocratizar el dolor ajeno. Las burocracias mueven expedientes; la
compasión, en cambio, se juega por las personas. Y creo que en esto
tenemos mucho trabajo por realizar. Conjuntamente con todas las acciones
que ya se realizan, es necesario trabajar para "desnaturalizar" y
desburocratizar la miseria y el hambre de nuestros hermanos. Esto nos
exige una intervención a distintas escalas y niveles donde sea colocado
como objetivo de nuestros esfuerzos la persona concreta que sufre y
tiene hambre, pero que también encierra un inmenso caudal de energías y
potencialidades que debemos ayudar a concretar.


1. "Desnaturalizar" la miseria


Cuando estuve en la FAO, con motivo de la II Conferencia
Internacional sobre Nutrición, les decía que una de las incoherencias
fuertes que estábamos invitados a asumir era el hecho de que existiendo
comida para todos, «no todos pueden comer, mientras que el derroche, el
descarte, el consumo excesivo y el uso de alimentos para otros fines,
están ante nuestros ojos» (Discurso a la Plenaria de la Conferencia [20
noviembre 2014], 3).


Dejémoslo claro, la falta de alimentos no es algo natural, no es
un dato ni obvio, ni evidente. Que hoy en pleno siglo XXI muchas
personas sufran este flagelo, se debe a una egoísta y mala distribución
de recursos, a una "mercantilización" de los alimentos. La tierra,
maltratada y explotada, en muchas partes del mundo nos sigue dando sus
frutos, nos sigue brindando lo mejor de sí misma; los rostros
hambrientos nos recuerdan que hemos desvirtuado sus fines. Un don, que
tiene finalidad universal, lo hemos convertido en privilegio de unos
pocos.


Hemos hecho de los frutos de la tierra - don para la humanidad -
commodities de algunos, generando, de esta manera, exclusión. El
consumismo - en el que nuestras sociedades se ven insertas - nos ha
inducido a acostumbrarnos a lo superfluo y al desperdicio cotidiano de
alimento, al cual a veces ya no somos capaces de dar el justo valor, que
va más allá de los meros parámetros económicos. Pero nos hará bien
recordar que el alimento que se desecha es como si se robara de la mesa
del pobre, de quien tiene hambre. Esta realidad nos pide reflexionar
sobre el problema de la pérdida y del desperdicio del alimento a fin de
identificar vías y modos que, afrontando seriamente tal problemática,
sean vehículo de solidaridad y de compartición con los más necesitados
(cf. Catequesis [5 junio 2013]: L'O.R., ed. sem. en lengua española, 7
junio 2013, p. 12).


2. Desburocratizar el hambre


Debemos decirlo con sinceridad: hay temas que están
burocratizados. Hay acciones que están "encajonadas". La inestabilidad
mundial que vivimos es sabida por todos. Últimamente las guerras y las
amenazas de conflictos es lo que predomina en nuestros intereses y
debates. Y así, ante la diversa gama de conflictos existentes, parece
que las armas han alcanzado una preponderancia inusitada, de tal forma
que han arrinconado totalmente otras maneras de solucionar las
cuestiones en pugna.


Esta preferencia está ya de tal modo radicada y asumida que impide
la distribución de alimentos en las zonas de guerra, llegando incluso a
la violación de los principios y directrices más básicos del derecho
internacional, cuya vigencia se retrotrae a muchos siglos atrás. Nos
encontramos así ante un extraño y paradójico fenómeno: mientras las
ayudas y los planes de desarrollo se ven obstaculizados por intrincadas e
incomprensibles decisiones políticas, por sesgadas visiones ideológicas
o por infranqueables barreras aduaneras, las armas no; no importa la
proveniencia, circulan con una libertad jactanciosa y casi absoluta en
tantas partes del mundo. Y de este modo, son las guerras las que se
nutren y no las personas.


En algunos casos la misma hambre se utiliza como arma de guerra. Y
las víctimas se multiplican, porque el número de la gente que muere de
hambre y agotamiento se añade al de los combatientes que mueren en el
campo de batalla y al de tantos civiles caídos en la contienda y en los
atentados. Somos plenamente conscientes de ello, pero dejamos que
nuestra conciencia se anestesie y así la volvemos insensible. De tal
modo, la fuerza se convierte en nuestro único modo de actuar y el poder
en el objetivo perentorio a alcanzar. Las poblaciones más débiles no
sólo sufren los conflictos bélicos sino que, a su vez, ven frenados todo
tipo de ayuda. Por esto urge desburocratizar todo aquello que impide
que los planes de ayuda humanitaria cumplan sus objetivos. En eso
ustedes tienen un papel fundamental, ya que necesitamos verdaderos
héroes capaces de abrir caminos, tender puentes, agilizar trámites que
pongan el acento en el rostro del que sufre. A esta meta han de ir
orientadas igualmente las iniciativas de la comunidad internacional.


No es cuestión de armonizar intereses que siguen encadenados a
visiones nacionales centrípetas o a egoísmos inconfesables. Más bien se
trata de que los Estados miembros incrementen decisivamente su real
voluntad de cooperar con estos fines. Por esta razón, qué importante
sería que la voluntad política de todos los países miembros consienta e
incremente decisivamente su real voluntad de cooperar con el Programa
Mundial de Alimentos para que este, no solamente pueda responder a las
urgencias, sino que pueda realizar proyectos sólidamente consistentes y
promover programas de desarrollo a largo plazo, según las peticiones de
cada uno de los gobiernos y de acuerdo a las necesidades de los pueblos.


El Programa Mundial de Alimentos con su trayectoria y actividad
demuestra que es posible coordinar conocimientos científicos, decisiones
técnicas y acciones prácticas con esfuerzos destinados a recabar
recursos y distribuirlos ecuanimemente, es decir, respetando las
exigencias de quien los recibe y la voluntad del donante. Este método,
en las áreas más deprimidas y pobres, puede y debe garantizar el
adecuado desarrollo de las capacidades locales y eliminar paulatinamente
la dependencia exterior, a la vez que consiente reducir la pérdida de
alimentos, de modo que nada se desperdicie.


En una palabra, el PAM es un valioso ejemplo de cómo se puede
trabajar en todo el mundo para erradicar el hambre a través de una mejor
asignación de los recursos humanos y materiales, fortaleciendo la
comunidad local. A este respecto, les animo a seguir adelante. No se
dejen vencer por el cansancio, ni permitan que las dificultades los
retraigan. Crean en lo que hacen y continúen poniendo entusiasmo en
ello, que es la forma en que la semilla de la generosidad germine con
fuerza.


La Iglesia Católica, fiel a su misión, quiere trabajar
mancomunadamente con todas las iniciativas que luchen por salvaguardar
la dignidad de las personas, especialmente de aquellas en las que están
vulnerados sus derechos. Para hacer realidad esta urgente prioridad de
"hambre cero", les aseguro todo nuestro apoyo y respaldo a fin de
favorecer todos los esfuerzos encaminados.


"Tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber".
En estas palabras se halla una de las máximas del cristianismo. Una
expresión que, más allá de los credos y de las convicciones, podría ser
ofrecida como regla de oro para nuestros pueblos. Un pueblo se juega su
futuro en la capacidad que tenga para asumir el hambre y la sed de sus
hermanos. En esta capacidad de socorrer al hambriento y al sediento
podemos medir el pulso de nuestra humanidad. Por eso, deseo que la lucha
para erradicar el hambre y la sed de nuestros hermanos y con nuestros
hermanos siga interpelándonos, a fin de buscar creativamente soluciones
de cambio y de transformación. Que Dios Omnipotente sostenga con su
bendición el trabajo de vuestras manos. Muchas gracias.




Discurso improvisado a los trabajadores del PAM


"Gracias por hacer vuestro trabajo escondido"


"Vosotros sois como el fundamento del palacio"


"Vuestros nombres hacen posible este gran trabajo de la lucha contra el hambre"


"Gracias a vosotros, muchos niños pueden comer"


"Sois los pies y las manos que sostienen el coraje de todos los que siguen adelante, incluidos vuestros mártires"


"Rezad por mí, para que yo también pueda hacer algo contra el hambre"










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