Pro Francisco

"Por favor, no apaguemos la esperanza en su corazón, no sofoquemos sus expectativas de paz"

(Jesús Bastante).- Día de viento y lluvia en Roma. El primer Angelus de 2018 se vivió bajo un chaparrón, y con un recuerdo a refugiados y migrantes, a quien va dedicado el mensaje papal de la Jornada Mundial de la Paz. Y es que, una vez más, Francisco se erigió en portavoz de tantos miles de personas que arriesgan su vida por un futuro mejor. "Por favor, no apaguemos la esperanza en su corazón, no sofoquemos sus expectativas de paz".

'La paz es siempre posible' rezaba un inmenso cartel en el centro de la plaza de San Pedro. Son muchas las instituciones que hoy trabajan, sin descanso, por alcanzar la paz en un mundo sufriente, en mitad de esa 'tercera guerra mundial a pedazos' que tantas veces ha denunciado Bergoglio. En esta ocasión, el Papa animó a volver la mirada "a lo largo de los senderos del tiempo" para retornar al establo de Belén, la sagrada familia refugiada.

Y, especialmente a la Virgen, que "nos hace comprender cómo se acoge el evento de la Navidad. No superficialmente, sino en el corazón. Nos indica el verdadero modo de recibir el don de Dios: conservarlo en el corazón y meditarlo. Rezar contemplando este don, que es el mismo Jesús".



Pero, añadió Francisco, "la maternidad de María no se reduce a esto. Gracias a su fe, ella es la primera discípula de Jesús, y eso dilata su maternidad. Será la fe de María la que en Caná suscite el primer milagro. Con la misma fe María está presente a los pies la cruz, y recibe como hijo al apóstol Juan". Una madre que, tras la Resurrección, "se convierte en Madre orante de la Iglesia".

Una madre que desarrolla "una función esencial", pues "en la realidad de las indigencias y sufrimientos, María intercede" ante su hijo, para hacer presente "las necesidades del hombre, especialmente de los más débiles".

Es precisamente a los más débiles a quienes el Papa quiso dedicar la Jornada Mundial de la Paz, que lleva por lema 'Migrantes y refugiados: hombres y mujeres que buscan la paz". "Deseo una vez más hacerme portavoz de estos hermanos y hermanas nuestras que invocan para su futuro un horizonte en paz", clamó Francisco. Una paz "que es derecho de todos. Muchos de ellos están dispuestos a arriesgar su vida en un viaje que en gran parte es largo y peligroso. Están dispuestos a afrontar sufrimientos y cansancio".



"Por favor, no apaguemos la esperanza en su corazón, no sofoquemos sus expectativas de paz", clamó el Papa, quien insistió en que "es importante que de parte de todos, instituciones civiles, realidades educativas, asistenciales y eclesiales, exista un compromiso para asegurar a refugiados y migrantes un futuro de paz".

Porque, apuntó, es preciso "obrar con generosidad para realizar un mundo más solidario y acogedor", al tiempo que pidió a la Virgen el nuevo año. "Los viejos monjes místicos rusos decían que en tiempo de turbulencia espiritual era necesario acogerse bajo el manto de la santa madre de Dios. Pensando en tantas turbulencias de hoy, sobre todo de migrantes y refugiados, oremos como ellos nos han enseñado a rezar".

Tras el rezo del Angelus, el Papa agradeció las felicitaciones del presidente de la República italiana, bendijo a los presentes y recordó las múltiples iniciativas que hoy se llevan a cabo por la paz en todo el mundo. "Queridos amigos: os animo que llevéis adelante con alegría vuestro compromiso con la sociedad, especialmente en las periferias de la sociedad, para favorecer la convivencia pacífica".



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