Pro Francisco

Francisco arremete contra las

Francisco arremete contra las

(Jesús Bastante).- Si alguien quería respuestas, aquí van unas cuantas. El Papa Francisco lanzó esta mañana un duro, durísimo alegato contra algunas "resistencias maliciosas" que vienen de "mentes distorsionadas" auspiciadas "por el diablo",
durante su discurso navideño a la Curia Romana. Un discurso en el que
Bergoglio aprovechó para reivindicar la tarea realizada y para insistir
en una docena de "mandamientos" para continuar reformando a la Iglesia.


Unas palabras que fueron escuchadas bajo un silencio impertérrito por
parte de los responsables curiales, y que no pasarán desapercibidas a
los cuatro cardenales, pero tampoco a aquellos a los que Francisco
denominó como ejemplos de "gatopardismo espiritual": los que
aplauden al Papa pero no hacen nada. Un auténtico toque de atención que
vuelve a colocar el centro de la reforma curial no en un cambio de
cromos, sino "en una auténtica conversión".


Francisco entró en la sala Clementina pocos minutos después de las
diez y media de la mañana. Allí le esperaba la Curia, capitaneada por el
cardenal Sodano quien, como decano del Colegio Cardenalicio,
dirigió unas palabras a Francisco, mostrando su "cercanía" al Pontífice.
Se trata de la cuarta ocasión en la que, antes de la Navidad, Bergoglio
se reúne con los curiales. Sodano dio las gracias al Papa por el Año de
la Misericordia, y recalcó cómo el nacimiento de Jesús "es la primera
prueba de la misericordia".


Sodano agradeció al Papa su empeño por el diálogo interreligioso,
así como su trabajo por la paz en Oriente Medio, especialmente en Siria.
"Venerado y amado Papa Francisco, deseamos continuar prestando nuestro humilde servicio a usted, como pastor de la Iglesia y como buen samaritano y pastor del mundo".


Francisco arrancó su largo discurso subrayando que "la Navidad es la fiesta de la humildad amante de Dios",
donde "la lógica divina supera nuestra lógica humana". Por ello, "en
Navidad estamos llamados a decir sí, con nuestra fe, a Dios, que es el
humilde amante".


 



 


Desde esa humildad, y diciendo no a "la lógica mundana, del poder, del comando, de la lógica farisea y determinista",
Francisco habló del cuadro de la reforma de la Curia que, como los
ejercicios espirituales ignacianos, ha de trabajar en estas claves: "deformata reformare, reformata conformare, conformata confirmare e confirmata transformare". Un proceso de cambio continuo.


"La Buena Noticia debe ser lanzada a todos, especialmente a los
pobres, humildes y descartados, conforme a los signos de los tiempos y
estando atentos a los hombres y mujeres de hoy", señaló el Papa, quien
recordó que la Curia tiene, entre otros fines, "colaborar al ministerio del sucesor de Pedro, para sostener al Romano Pontífice en su labor ordinaria, plena y universal".


"Siendo la curia un aparato que no es inmóvil, la reforma es un signo de la Iglesia en camino, en peregrinación.
Una Iglesia viviente, y por esto, porque vive, siempre reformándose. Se
reforma porque está viva. La reforma es un proceso de crecimiento y
conversión", recordó Bergoglio, quien añadió que la reforma "no es un
fin estético, ni puede ser entendida como un lifting, y menos como una operación de cirugía plástica para quitar las arrugas". Porque "no debemos temer a las arrugas, sino a las manchas".


En este punto, el Papa insistió en que "la reforma será eficaz solo si se actúa con hombre renovados,
y no simplemente con nuevos hombres". "No basta con cambiar el
personal, que habrá que hacerlo, sino con la conversión de personas. No
basta con la formación permanente. Hace falta una conversión y
purificación permanente. Sin el cambio de mentalidad, los esfuerzos son
en vano".


 



 


En este punto, Francisco recordó cómo, en las ocasiones precedentes, denunció las "enfermedades"
de la Curia. Hoy explicó por qué. "Era necesario hablar e enfermedades y
curas, porque es imprescindible el diagnóstico, el análisis y la
prescripción", y entre ellas, de los distintos tipos de resistencias.


En primer lugar, "la resistencia abierta, que nace de la buena voluntad y del diálogo sincero". En segundo término, "las resistencias ocultas, que nacen de corazones petrificados que se alimentan de las palabras vacías, del 'gatopardismo espiritual' de quien dice verbalmente que está dispuesto a cambiar, pero quieren que todo siga como antes".


Y, finalmente, "una resistencia maliciosa, que nace de mentes distorsionadas y que se da cuando el diablo inspira malas intenciones,
a menudo con piel de cordero". "Este último tipo de resistencia
-declaró el Papa- se esconde detrás de las palabras de justificación y,
en muchas ocasiones, acusatorias, refugiándose en las tradiciones, las
apariencias, los trámites, en lo conocido o en su deseo de llevarlo todo
a lo personal, sin distinguir entre el acto, el actor o la acción".


Esto no quiere decir que no se pueda criticar, más bien al contrario. Y es que "la ausencia de reacción es un signo de muerte. Una buena resistencia es necesaria y merece ser escuchada, aceptada y animo a expresarla. Es una señal de que todo el cuerpo está vivo".


"Todo esto quiere decir -afirmó- que la reforma de la Curia es un
proceso delicado que debe ser vivido con fidelidad a lo esencial, con un
continuo discernimiento, con valentía evangélica, con la sabiduría eclesial, con la escucha atenta, con medidas duras, con silencio positivo, con firmes decisiones, y con mucha oración, mucha oración, con profunda humildad, con visión clara, con pasos concretos hacia adelante y - cuando sea necesario - incluso con retrocesos,
con voluntad decidida, con vitalidad vibrante, con la autoridad
responsable, con la obediencia incondicional ; pero en primer lugar con
la entrega de la guía segura del Espíritu Santo, confiando en Su apoyo
necesario". Y no con tácticas secretistas o denuncias formales o
amenazas de cisma.


 




Tras la declaración de intenciones, el Papa trazó los doce "criterios-guía" para la reforma de la Iglesia. Son los siguientes:


1.- Individualidad: "conversión personal", sin la que será
posible cualquier reforma. "La verdadera reforma es la de los hombres.
La conversión personal soporta y refuerza la comunitaria. Una sola
persona puede hacer tanto bien a todo el cuerpo, o dañarlo mucho".


2.- Pastoralidad: conversión pastoral. "Imagen del pastor,
siendo la Curia una comunidad de servicio, estamos llamados al ejemplo
de Dios, el buen pastor, plenamente renovados a nuestra misión. Aunque
en nuestros ambientes de trabajo podamos trabajar un fuerte sentido
pastoral. Que ninguno se sienta maltratado y todos puedan experimentar
la cura del buen pastor". "El empeño de todo el personal de la Curia
debe ser animado por un servicio de comunión, antídoto contra la vana
ambición y la rivalidad", recalcó el Papa.


3.- Misionariedad: o "Cristocentrismo". Aquí, Francisco pidió
"dinamismo evangelizador", pues "sin lealtad de la Iglesia a la propia
vocación, se corrompe en poco tiempo".


4.- Racionalidad: "Todos los dicasterios son jurídicamente
parejos entre ellos, resultaba necesaria una reestructuración. Las
competencias deben ser respetadas y distribuidas con racionalidad y
eficacia... Ningún dicasterio puede atribuirse la competencia de otro".


5.- Funcionalidad: "El eventual agrupamiento de dicasterios en
uno único sirve para dar al nuevo una relevancia mayor, y la
interacción ayuda a una mayor funcionalidad. Requiere la revisión
continua de los roles y de la responsabilidad del personal"


6.- Modernidad o aggiornamento: "escuchar los signos de los tiempos. Que los dicasterios de la Curia se adapten a las necesidades de la Iglesia universal".


7.- Sobriedad: "Es necesaria una simplificación en los
elementos de la curia, simplificación de los dicasterios. Eventuales
supresiones de oficios que no son necesarios, o reducción de las
comisiones, academias, etc... todo en vista de la sobriedad".


8.- Subsidiariedad: o "reordenamiento de competencias
específicas de los dicasterios" para alcanzar una interconexión en el
servicio. "Resulta necesario el respeto entre las diversas competencias,
para que esa sea la ayuda inmediata del Papa". Será la Secretaría de
Estado, añadió, quien avalará esta unidad, interdependencia y
coordinación.


9.- Sinodalidad: "El trabajo de la curia debe ser sinodal
(...) La sinodalidad debe ser vista en el interior de cada dicasterio,
dando mayor frecuencia a las sesiones ordinarias. Se ha de evitar la
fragmentación, que puede venir por varios factores".


10.- Catolicidad: "La Curia debe asumir a personal procedente
de todo el mundo, diáconos permanentes, laicos y laicas, sobre la base
de la vida espiritual y moral y su competencia profesionales. Acceso a
un número mayor de fieles laicos, especialmente donde pueden ser más
competentes que los clérigos o consagrados. De gran importancia es el
valor de la mujer y el laico en la vida de la Iglesia, con una
particular atención a la multiculturalidad".


11.- Profesionalidad: "Es indispensable que cada dicasterio
adopte una política de formación permanente para evitar caer en la
rutina del funcionariado. La otra parte es acabar con la práctica del
"promoveatur et removeatur" esto es un cáncer".


12.- Gradualidad: discernimiento. "Un cambio de tiempo y de
etapa. En este caso no se trata de indecisión, sino de la flexibilidad
necesaria para poder hacer una verdadera reforma".


 



 


Tras los criterios, el Papa puso en valor todos los pasos dados hasta la fecha,
desde la creación del C9 a la reforma de los Estatutos de la Academia
por la Vida, pasando por la COSEA, AIF, Secretaría para la Economía y el
consejo para la Economía, Pontificia comisión para la Tutela de
Menores, Secretaría para la Comunicación, los motu propio sobre la
Negligencia de los obispos en el ejercicio de su oficio, la creación de
los Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida y el Dicasterio
para el Servicio Humano Integral (Justicia y Paz, Cor Unum, Inmigrantes y
Cooperadores Sanitarios)


"He comenzado hablando del significado de la Navidad, el corazón, el
centro de la reforma es Cristo. Quiero concluir solo con una palabra y
una oración. La palabra es que la Navidad es la fiesta de la humildad
amante de Dios", apuntó. En su oración, clamó por "curar todo orgullo y
toda arrogancia".


Al término de sus palabras, el Papa anunció un regalo: la nueva edición, revisada, de un libro del jesuita Claudio Acquaviva, "Aggiornamenti per curar le malattie dell'anima". La idea, curiosamente, se la dio, hace dos años, el cardenal Brandmüller, uno de los cuatro "dudosos". Quien tenga oídos..


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