Pro Francisco

El Papa en la entrega de los palios:

El Papa en la entrega de los palios:

(José M. Vidal).- Entrega del palio a 25 nuevos arzobispos, en
la fiesta de San Pedro y San Pablo. Entre ellos, el arzobispo de
Barcelona, Juan José Omella. Francisco aprovecha la ocasión para
advertir, una vez más, a la Iglesia y a su jerarquía que la principal
tentación de la institución es "cerrase en sí misma". Por lo tanto,
tiene que ponerse "en salida" a través de la oración, "la principal vía
de salida"


Los diáconos recogen los palios colocados ante la tumba del apóstol Pedro
y los colocan ante el altar. El Papa los bendice y comienza la
eucaristía, casi toda ella en latín, excepto las lecturas y la homilía
del Papa.


El Evangelio cantado también en latín: "Tu est Petrus".


Algunas frases de la homilía del Papa


"El símbolo de las llaves que Jesús da a Pedro, para que pueda abrir"


"Tres cerrazones: la de Pedro en la cárcel, la de la comunidad recogida en oración y la de la casa de María"


"La oración es la vía de salida principal"


"Mientras Pedro estaba en prisión, de la Iglesia salía una oración por él"


"La oración es siempre la vía de salida de nuestras cerrazones personales y comunitarias"


"Pablo habla de una apertura mayor, hacia un horizonte más amplio"


"La vida del Apóstol Pablo en salida gracias al Evangelio"


"La vida de Simón se abre cuando acoge la gracia de la fe"


"Simón se pone en camino"


"Simón es liberado de la cárcel de su yo orgulloso y temeroso y
supera la tentación de cerrarse a la llamada de Jesús a seguirlo en la
vía de la cruz"


"Clima de miedo en el que se encontraba la comunidad cristiana, encerrada en casa"


"El miedo nos encierra siempre a las sorpresas de Dios"


"La tentación de la Iglesia: cerrarse en sí misma ante el peligro"


"De la cerrazón a la apertura, de la tristeza a la alegría, de la división a la unidad"


"Experimentar la acción liberadora de Dios y testimoniarla a todos"




Texto completo de la homilía del Papa


La Palabra de Dios de esta liturgia contiene un binomio central:
cierre - apertura. A esta imagen podemos unir el símbolo de las llaves,
que Jesús promete a Simón Pedro para que pueda abrir la entrada al Reino
de los cielos, y no cerrarlo para la gente, como hacían algunos
escribas y fariseos hipócritas a los que Jesús reprende (cf. Mt 23, 13).


La lectura de los Hechos de los Apóstoles (12,1-11) nos presenta
tres encierros: el de Pedro en la cárcel; el de la comunidad reunida en
oración; y ‒en el contexto cercano de nuestro pasaje‒ el de la casa de
María, madre de Juan, llamado Marcos, donde Pedro va a llamar después de
haber sido liberado.


Con respecto a los encierros, la oración aparece como la principal
vía de salida: salida de la comunidad, que corre el peligro de
encerrarse en sí misma debido a la persecución y al miedo; salida para
Pedro, que al comienzo de su misión que le había sido confiada por el
Señor, es encarcelado por Herodes, y corre el riesgo de ser condenado a
muerte. Mientras Pedro estaba en la cárcel, «la Iglesia oraba
insistentemente a Dios por él» (Hch 12,5). Y el Señor responde a la
oración y le envía a su ángel para liberarlo, «arrancándolo de la mano
de Herodes» (cf. v. 11). La oración, como humilde abandono en Dios y en
su santa voluntad, es siempre una forma de salir de nuestros encierros
personales y comunitarios.


También Pablo, escribiendo a Timoteo, habla de su experiencia de
liberación, la salida del peligro de ser, él también, condenado a
muerte; en cambio, el Señor estuvo cerca de él y le dio fuerzas para que
pudiera llevar a cabo su trabajo de evangelizar a los gentiles (cf. 2
Tm 4,17). Pero Pablo habla de una «apertura» mucho mayor, hacia un
horizonte infinitamente más amplio: el de la vida eterna, que le espera
después de haber terminado la «carrera» terrena. Es muy bello ver la
vida del Apóstol toda «en salida» gracias al Evangelio: toda proyectada
hacia adelante, primero para llevar a Cristo a cuantos no le conocen, y
luego para saltar, por así decirlo, en sus brazos, y ser llevado por él
«que lo salvará llevándolo a su reino celestial.» (cf. v. 18).




Volvamos a Pedro. El relato Evangélico (Mt 16,13-19) de su
profesión de fe y la consiguiente misión confiada por Jesús nos muestra
que la vida de Simón, pescador de Galilea ‒como la vida de cada uno de
nosotros‒ se abre, florece plenamente cuando acoge de Dios la gracia de
la fe. Entonces, Simón se pone en el camino ‒un camino largo y duro‒ que
le llevará a salir de sí mismo, de sus seguridades humanas, sobre todo
de su orgullo mezclado con valentía y con generoso altruismo.


En este su camino de liberación, es decisiva la oración de Jesús:
«yo he pedido por ti (Simón), para que tu fe no se apague» (Lc 22,32).
Es igualmente decisiva la mirada llena de compasión del Señor después de
que Pedro le hubiera negado tres veces: una mirada que toca el corazón y
disuelve las lágrimas de arrepentimiento (cf. Lc 22,61-62). Entonces
Simón Pedro fue liberado de la prisión de su ego orgulloso y miedoso, y
superó la tentación de cerrarse a la llamada de Jesús a seguirle por el
camino de la cruz.


Como ya he dicho, en el contexto inmediato del pasaje de los
Hechos de los Apóstoles, hay un detalle que nos puede hacer bien
resaltar (cf. 12.12-17). Cuando Pedro se encuentra milagrosamente libre,
fuera de la prisión de Herodes, va a la casa de la madre de Juan,
llamado Marcos. Llama a la puerta, y desde dentro responde una sirvienta
llamada Rode, la cual, reconociendo la voz de Pedro, en lugar de abrir
la puerta, incrédula y llena de alegría corre a contárselo a su señora.


 


El relato, que puede parecer cómico, nos hace percibir el clima de
miedo en el que vivía la comunidad cristiana, que permanecía encerrada
en la casa, y cerrada también a las sorpresas de Dios. Este particular
nos habla de la tentación que existe siempre para la Iglesia: de
cerrarse en sí misma de cara a los peligros. Pero incluso aquí hay un
resquicio a través del cual puede pasar a la acción de Dios: dice Lucas
que en aquella casa, «había muchos reunidos en oración» (v. 12).


La oración permite a la gracia abrir una vía de salida: del
cerramiento a la apertura, del miedo a la valentía, de la tristeza a la
alegría. Y podemos añadir: de la división a la unidad. Sí, lo decimos
hoy junto a nuestros hermanos de la delegación enviada por el querido
Patriarca Ecuménico Bartolomé, para participar en la fiesta de los
Santos Patronos de Roma. Una fiesta de comunión para toda la Iglesia,
como pone de manifiesto la presencia de los Arzobispos Metropolitanos
venidos para la bendición de Palios, que les serán impuestos por mis
Representantes en sus respectivas sedes.


Que los santos Pedro y Pablo intercedan por nosotros, para que
podamos hacer este camino con la alegría, experimentar la acción
liberadora de Dios y testimoniarla a todos.


Firmas en apoyo al Papa

  • Nombre:*
  • Apellidos:*
  • Pais:*
  • Ciudad:*
  • Email:*
  • Introduzca este código:
    Fox Captcha!   Recargar Imagen

Apoyos de asociaciones y medios

Apoyos Destacados