Pro Francisco

Francisco: "Jesús nos cogerá de la mano y nos dirá, 'Ven conmigo, álzate, resucita'"

Francisco:

(Jesús Bastante).- "Todos somos pequeños, indefensos ante el Misterio de la Muerte. Pero ese día, Jesús nos tomará de la mano y nos dirá a nosotros, a cada uno de nosotros: 'Álzate, resucita'".
La muerte y la esperanza fueron el eje de la catequesis del Papa
Francisco durante la Audiencia General de este miércoles, que giró en
torno al momento en que Jesús llora ante la muerte de su amigo Lázaro.


Día plomizo, frío, en Roma, que no impidió a decenas de miles de
fieles acudieran a su cita semanal con Bergoglio. En los balcones
centrales, aún colgaban los lienzos de los nuevos santos, entre ellos el
escolapio Faustino Míguez. En sus palabras, Francisco reflexionó sobre
el temor a la muertee en el mundo actual. "Nuestra civilización moderna trata de suprimir y disimular la muerte, hasta el punto de que cuando llega nadie está preparado, ni tiene tampoco los medios para darle un sentido", incidió.


Y es que, explicó, "la muerte es un misterio, que manifiesta la
fugacidad de la vida, y nos enseña que nuestro orgullo, ira y odio, son
sólo vanidad; que no amamos lo suficiente, que no buscamos lo esencial. Pero también nos indica que solamente el bien y el amor que sembramos mientras vivimos permanecen".





Frente a ello, "Jesús es el único capaz de iluminar el misterio de la muerte".
Con sus palabras, con su vida, "nos enseña que sentir dolor ante la
pérdida de un ser querido no va contra la esperanza. Jesús mismo, con su
obediencia total al Padre, restaura el proyecto original de Dios y nos
otorga vida en abundancia".


"En muchas ocasiones -improvisó Francisco-, he escuchado a ancianos
decir 'la vida se me ha pasado como un soplo'. La muerte entra a menudo
en nuestra vida". "Nuestra civilización trata de suprimir y disimular la
muerte", denunció el Papa, quien recordó cómo el propio Jesús lloró
ante la muerte de sus amigos.


"Jesús ha iluminado el misterio de nuestra muerte, con su comportamiento nos autoriza a sentir dolor ante la pérdida de un ser querido, eso no es contrario a la esperanza", añadió el Papa, quien señaló cómo incluso el hijo de Dios "lloró delante de la tumba del amigo Lázaro. Ahí sentimos a Jesús muy cercano, nuestro hermano".


Igual sucede con la hija de Jairo. "No tengas miedo, has tenido fe", dijo Jesús. "Tantas veces el hombre está tentado a reaccionar con rabia, pero estamos llamados a custodiar la pequeña llama que se esconde en nuestro corazón: la fe. No tengas miedo, por tanto, ten fe", recalcó. Porque, al final, como sucedió con Lázaro o con la hija de Jairo, Jesús dirá "Yo soy la Resurrección y la Vida. Quien cree en mí, aunque muera, vivirá para siempre. Quien cree en mí, no morirá para siempre".





"¿Creemos esto?", preguntó, en varias ocasiones, Francisco, a
los fieles presentes en San Pedro. "Es lo que Jesús nos repite a cada
uno de nosotros, cuando la muerte viene a rompernos la vida" y nos
coloca "ante el precipicio del miedo". "Pero Jesús nos dice 'Yo no soy
la Muerte, Yo soy la Resurreción y la Vida'. ¿Creemos esto? Nosotros,
que estamos en esta plaza, ¿creemos en esto?".


"Os invito a pensar en el momento de nuestra muerte", culminó
Francisco. "Cada uno de nosotros, que piense en su propia muerte.
Imaginad el momento, que vendrá, cuando Jesús nos cogerá de la mano y
nos dirá: 'Ven, ven conmigo, álzate'. Ahí culminará la esperanza, y
surgirá la realidad, la realidad de la Vida".


"Pensadlo bien -repitió-: Jesús mismo nos cogerá a cada uno de nosotros de la mano, con su ternura y su amor. Que cada uno repita en su corazón la palabra de Jesús: álzate, ven. Álzate, resucita. Esta es nuestra esperanza ante la muerte".




Condena al atentado de Mogadiscio


En su saludo en italiano, el Papa condenó con firmeza el atentado en Mogadiscio, que se ha cobrado más de 300 muertes.
"Quisiera expresar mi pesar por la masacre ocurrida hace unos días en
Mogadiscio, Somalia, que causó más de 300 muertes, incluidos algunos
niños".


"Este acto terrorista -añadió- merece la más firme condena, y además
ocurre en una población que ya ha sido probada en otras ocasiones.
Oremos por los muertos y por los heridos, por sus familiares y por toda
la población de Somalia. Rezo por la conversión de los violentos y animo a aquellos que, con gran dificultad, trabajan por la paz en esa tierra maltratada".





Saludo del Papa en castellano:


Queridos hermanos y hermanas:


Hoy reflexionamos sobre el contraste que existe entre la esperanza
cristiana y la realidad de la muerte. Nuestra civilización moderna
trata de suprimir y disimular la muerte, hasta el punto de que cuando
llega nadie está preparado, ni tiene tampoco los medios para darle un
sentido. La muerte es un misterio, manifiesta la fugacidad de la vida,
nos enseña que nuestro orgullo, ira y odio, son sólo vanidad; que no
amamos lo suficiente, que no buscamos lo esencial. Pero también nos
indica que solamente el bien y el amor que sembramos mientras vivimos
permanecen.


Como hemos escuchado en la lectura del evangelio, Jesús es el
único capaz de iluminar el misterio de la muerte. Con su actuar nos
enseña que sentir dolor ante la pérdida de un ser querido no es
contrario a la esperanza. Su oración al Padre, Origen de la vida, nos
revela que la muerte no forma parte de su designio amoroso, y que Jesús
mismo, con su obediencia total al Padre, restaura el proyecto original
de Dios y nos otorga vida en abundancia.


En varios pasajes evangélicos, en que Jesús se confronta con la
muerte, pide que no se tenga miedo ante ella, sino que se confíe en su
palabra y se mantenga viva la llama de la fe. A la evidencia de la
muerte, Jesús opone la luz de su potencia, que también extiende sobre
cada uno de nosotros, pequeños e indefensos frente al enigma de la
muerte, y nos asegura: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en
mí, aunque haya muerto, vivirá».



***



Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en
particular a los provenientes de España y Latinoamérica. El Señor Jesús,
única esperanza de la humanidad, nos conceda la gracia de mantener
encendida la llama de la fe, y en el momento de nuestra muerte nos tome
de la mano y nos diga: «¡Levántate!». Que Santa María, Madre de Dios,
interceda por todos nosotros, ahora y en la hora de nuestra muerte. Así
sea.


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