Pro Francisco

Francisco a los curas de Roma:

Francisco a los curas de Roma:

(Jesús Bastante).- Un auténtico pastor no puede confirmar la
fe de los demás si no siente que progresa en la suya, pues nadie da lo
que no tiene. "Pidamos confirmar nuestra fe, porque si no no podremos confirmar la de nuestros hermanos", pidió el Papa Francisco a los sacerdotes de Roma, a quienes recibió en la basílica de San Juan de Letrán. "Si no tenemos una fe madura, capaz de generar fe en los demás, podremos ser responsables de mucho mal", advirtió Francisco.


El Papa centró su reflexión -aunque estaba escrita, prefirió
resumirla, y aderezarla con experiencias personales, anunciando que
después entregaría el texto completo a cada uno, junto con un libro de
un capuchino de Buenos Aires, titulado "No tengamos miedo de perdonar"-
en dos temas. En primer lugar, "el progreso de la fe en la vida del
sacerdote", y en segundo término, la experiencia de Simón Pedro, el pecador al que Jesús convirtió en roca sobre la que edificar la Iglesia.


"Nosotros, como sacerdotes, tenemos fe, pero esta fe tiene que crecer, ir hacia adelante, porque si la fe no crece, si no madura, se queda a mitad de camino.
Nunca se deja de caminar en la fe", proclamó el Papa, quien recordó las
palabras de la oración, "Señor, acrecienta en nosotros la fe". En ese
punto, Francisco insistió en tres pilares a tener en cuenta: "La memoria, la esperanza y el discernimiento".


"Es importante recordar siempre la promesa del Señor, que nos ha puesto en camino. Estamos en camino: la esperanza me marca el camino, es el ancla que me sostiene en Cristo.
En el momento de salir, debo discernir en el paso concreto, el amor que
puedo dar, y el modo en que el Señor quiere que me ofrezca", reclamó
Bergoglio, quien insistió en que "la esperanza nos abre a las sorpresas de Dios",
un Dios que "es más grande de lo que podríamos imaginar". Porque
"nuestra fe no es la fe delante de un muro: la fe nos lleva hacia el
horizonte".


Al tiempo, el discernimiento, que "concretiza la fe, la hace
operativa por medio de la caridad. Permite dar un testimonio creíble. Con mis obras te muestro mi fe".


 



 


En primer lugar, la memoria. "El encuentro con el Señor se muestra
como un tesoro en nuestra vida", una "maduración constante", que "vale
tanto para el discípulo como para el misionero, el seminarista, el
sacerdote o el obispo". Es lo que el documento de Aparecida denominaba
como "discípulos misioneros".


Siempre, teniendo un punto de apoyo que, "para nosotros, es la Cruz
de Cristo, no es otra cosa". Y es que "la fe, el progreso y el
crecimiento se fundan siempre sobre la cruz, ése es el escándalo de la
cruz". Para ello, la memoria resulta fundamental. "Es muy importante ir a las raíces de nuestra fe,
a las personas que nos han ayudado a acrecentar nuestra fe, nuestros
maestros. A veces se trata de personas simples, vuestros vecinos, que os
han iniciado en la vida de la fe. Los padres, la abuela.... El creyente
es, fundamentalmente, alguien que hace memoria. No se puede creer sin
hacer memoria".


"La fe se alimenta y se nutre de la memoria", recordó el Papa,
pues Dios "es el Dios de nuestros abuelos y el nuestro, no es un dios
que sólo responde a un nuevo paradigma". Y es que "ir a las raíces es lo verdaderamente revolucionario. El cristiano no tiene miedo de ir a las raíces", pues "cuanto más lúcida es la memoria del pasado, más clara es la visión del futuro".


En segundo lugar, la esperanza. "La fe se sostiene gracias a la esperanza, es el ancla que nos sujeta al Cielo.
La esperanza nos lleva desde el tesoro de la memoria, y nos lleva al
Dios que esperamos encontrar en el futuro, se extiende sin límites, en
todo el espesor del presente inmediato".


 



 


 


En tercer lugar, el discernimiento, evitando "la tentación del primer impulso, el querer resolver cualquier cosa inmediatamente", y ahuyentando el "pesimismo estéril" que,
como subraya Evangelii Gaudium "es una tentación que a nosotros los
sacerdotes nos llega mucho". La tentación de la desconfianza, "que se
transforma en un descontento pesimista".


"Nadie puede emprender una batalla si no confía plenamente en el triunfo.
Quien lo hace sin confianza, pierde a mitad de la batalla, entierra sus
talentos", denunció el Papa, quien animó a "caminar hacia adelante sin
darse por vencidos", sabiendo de nuestra debilidad. Porque "el triunfo
cristiano es siempre una cruz, que a la vez es un signo de victoria". "No dejemos que nos roben la esperanza".


"Es importante dar un paso hacia adelante", añadió. ¿Cómo? "Creciendo
en la fe como un bien comunitario, llamado a conseguir el bien del
otro. Un corazón misionero sabe que debe crecer en el Evangelio,
no renuncia al bien posible, y sabe del riesgo de enfangarse con el
barro del camino". "Creer que allí está Cristo es el primer paso para
conseguir el bien de cada persona. No es un acto de beneficencia, sino progresar en la fe".


En la segunda parte del discurso, Francisco se refirió a la "paradoja" de la figura de Simón Pedro, "el pescador pecador, y la roca sobre la que edificar la Iglesia".
"Jesús ora por Simón, pero pensando en nosotros, en todos nosotros",
porque si Pedro no está confirmado en la fe, no puede llevarla al resto.


"Así, vemos que la fe de Simón Pedro es una fe probada, y con ella,
después de la tentación, él tendrá la misión de confirmar y consolidar
la fe de sus compañeros, nuestra fe", apuntó Bergoglio. Y es que, en ocasiones, la fe de Pedro "es menor que la de tantos pequeños del pueblo fiel de Dios, o de los paganos como el Centurión", o "más lenta que la de María Magdalena o Juan".


 



 


Es una fe que tiene "grandes momentos junto a grandes errores,
extrema fragilidad o desconcierto", desde la espada hasta la negación.
Las pruebas de fe de Simón Pedro se manifiestan, primeramente, en sus
dos nombres. "Es algo que hace el Señor en vista de una misión futura,
la de ser piedra, fundamento sólido de fe sobre la que edificará su
Iglesia. Pedro se moverá siempre en torno al perno del Señor,
sintiendo el peso de sus dos nombres: Simón el pescador, el pecador, el
amigo; y Pedro, la roca sobre la que se construye
, el que tiene las
llaves, el que dice la última palabra". Curiosamente, "aunque es Jesús
quien le pone el nombre de Pedro, le sigue llamando Simón".


Mantenerse en esas dos "personalidades", la del pecador y la de la
piedra, "le obligará a fiarse en torno a Cristo, el único centro".
"Simón Pedro, en todas las situaciones límite, guiado por la fe en
Jesús, discernirá siempre cuál es la mano que lo salva, con la certeza de que aunque no lo haga bien, puede decir que el Señor tiene palabras de vida eterna".


Jesús reza por Pedro, que sufre como nadie las tentaciones, el "eclipse de la fe".
"El Señor quiere rezar iempre con insistencia, para no caer en la
tentación y ser liberados del mal, porque nuestra carne es débil". Una
estrategia muy de Jesús: "El Señor combate al demonio rezando".


"El progreso de la fe viene por pasar a través de las tentaciones y
las pruebas. Toda la vida de Simón Pedro puede ser vista como un
progreso de la fe, gracias al acompañamiento del Señor, que nos enseña a
discernir qué es lo que viene del Padre y qué viene del Demonio",
añadió.


El tercer paso es el gesto de amor de Jesús a Pedro en el lago del Tiberíades. "No es el perdón, porque Pedro ya fue perdonado con su llanto.
Es otra cosa. El peso de nuestro pecado.... Pero el Señor es siempre
fiel, siempre nos lleva adelante. No sólo te perdona, no sólo pregunta
si le amas.... Pregunta a Pedro si es su amigo. El Señor va hacia
adelante, y la fe de Pedro es plena. El pecador que lo ha negado, y el
Señor lo ha hecho Papa. Y esta es la lógica del Señor".


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